¡Eloina!

Hace tiempo que tengo este escrito pendiente. Lo había prometido y no se puede faltar a una promesa.

Volviendo el pensamiento hacia atrás, me doy cuenta que soy una persona privilegiada, por muchos motivos, pero sobre todo por las personas que han formado y forman parte de mi vida.

Creo que la persona en la que uno se va convirtiendo a lo largo de los años, depende mucho de quienes te rodean, y en mi caso, he sido bendecida con muchos angelitos a mi alrededor. Quizá por eso he salido bastante decente, creo yo.

A la persona a la que voy a escribir hoy es alguien a quien quise como si fuera mi propia madre y también a la que admiré por muchos motivos.

Eloina, si, hoy toca hablar de ti. Se que desde el cielo me estarás viendo y se que sonreirás al leerme. Te echamos mucho de menos y anhelamos tus abrazos.

Elena y yo somos amigas, se puede decir que casi desde que nacimos, por eso nos consideramos ya como hermanas (ella, Yovy y yo, menudo trio).

Debido a esta amistad, durante nuestra infancia lo más normal era que yo fuera a buscarla a su casa, a la cual entraba como que fuera la mia.

Siempre era la misma situación, salía de la calle San Roque, enfilaba por el caminín a la calle de la Estación y cruzaba el camino hasta su casa. Atravesaba la primera verja, saludaba a Mariano que solía estar en la cuadra con las vacas, y me asomaba al cristal de la cocina, picando con los dedos.

Allí estaba ella siempre, sonriente, escogiendo la legumbre, preparando aquellos riquísimos yogures naturales, peinando a Aranchina, descansando, o bien entregando la leche que iban a recoger otras personas del pueblo que se la compraban a ellos (porque en aquellos años se podía y porque salimos todos bien sanotes por ello y no pasaba nada, no como ahora que parece que todo es malo; cuanto tenemos que dar gracias por lo que vivimos), pero en cuanto me veía y oía, le faltaba tiempo para decirme, pasa Tere, pasa,  no te quedes ahí.

Qué amor de mujer, qué bellísima persona, qué admirable y qué cariñosa siempre conmigo y con todo el mundo.

Toda la vida oí decir a mi padre que Eloina había sido la moza más guapa de toda la montaña y cierto era, aunque no se si por su belleza exterior, o por la interior.

Mis recuerdos son de llegar a casa y estar en la cocina sentada en el escaño, o los más duros, y por eso digo que era admirable, de verla bajar a gatas las escaleras de casa, cuando no la dejaban tranquila los dolores, que lo que tuvo que padecer toda su vida por culpa de los huesos Dios mio de mi vida, pero jamás le faltó la sonrisa y el abrazo cariñoso para los demás.

La recuerdo cuando nos mandaba mirar a ver cómo estaba la gloria para que la cocina estuviera caliente, cuando me reñía porque a veces yo llegaba y tenía las cabezas de cordero allí donde la ventana para luego prepararlas, yo decía, uf, qué asco, cómo puedes comer eso y me decía, no se dice qué asco de la comida que es un auténtico manjar, cuando nos decía que no volviéramos tarde de la piscina que teníamos que ir a recoger las vacas, cuando nos encargaba cuidar bien de Aranchina porque la llevábamos con nosotras, cuando me decía siéntate un ratín aquí conmigo mientras termina Elena de prepararse y cuéntame cómo están todos en tu familia….fueron tantos y tantos momentos vividos, tanto cariño recibido, que es imposible no quererla.

La verdad es que tenía que estar siempre detrás de nosotras porque éramos un poco pericos, aunque en el buen sentido, ya que nos encantaba corretear por la calle y claro, nos tenía que recordar que no todo en la vida era diversión, pero creo que no era capaz de enfadarse a pesar que alguna vez llegábamos un poco más tarde de lo previsto.

Menos mal que Mari siempre estaba detrás para echarnos un capote y creo que de eso abusábamos.

Jamás la oí una mala palabra, ni criticar a nadie, nunca la oí quejarse, a pesar que tenía mil y un motivos para ello, porque la vida fue muy dura con ella, y a pesar de todo, no le faltaba la sonrisa.

Por ello hoy quería escribirte Eloina, porque las personas como tú no deberían faltar en las familias, porque has tenido y criado una gran familia, que te quieren y te echan muchísimo de menos, aunque saben que ahora estás en el cielo muy bien acompañada de Mariano y que ahí se han acabado todas tus penurias y por fin puedes correr, saltar, disfrutar, reir y sobre todo vivir como no pudiste hacerlo aquí.

Por mi parte quiero darte las gracias por tratarme siempre como a una hija, por hacerme sentir en tu hogar como si fuera el mio propio, por eso te he querido tanto y por eso yo también te echo tanto de menos.

Ya sabes que soy muy llorona, que te lloré mucho en tu partida y que se me escapan las lagriminas al ver tus fotos, pero sé que un día, más pronto que tarde, volveremos a encontrarnos, a abrazarnos y ya te pondré al día de lo trastas que hemos seguido siendo.

Aquí dejaste una maravillosa familia, que para mi es como si fuera también la mia y prueba de cómo se hacen las cosas bien en la vida, es el amor que todos te profesamos.

Para despedir este escrito quiero hacerlo con el maravilloso detalle de tu nieta Alba, porque se lo he visto y me ha conmovido el alma (todos tus hijos y nietos te adoran), lo que demuestra lo que te estaba diciendo, que dejaste una impresionante huella en todos los que tuvimos el honor de conocerte y convivir contigo.

Nos vemos en el cielo mi querida Eloina – Te Quiero

2 comentarios sobre “¡Eloina!

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s