¡Familia Rodríguez-Blanco!

Tengo la suerte de tener una familia bastante amplia, aunque bueno, considerando familia desde mi punto de vista que no es tener en cuenta solo a los más directos como los carnales, porque entonces la mía sería muy pequeñina, pero como parto de la base y de cómo me han educado que es que para mí en el momento que son de mi sangre, me da igual el rango de parentesco que tenga con ellos porque todos son como carnales, pues entonces si he de decir que es realmente extensa.

Hoy me voy a centrar en mi familia Rodríguez-Blanco. Tío Baltasar (Sar) era hermano de mi abuela paterna Sagrario y tía Erundina (Irunda o Erun) era su mujer, de ahí la unión de apellidos y esta impresionante saga.

Por desgracia yo solo pude conocer a mi abuelo paterno y a mi abuela materna y a ambos no por demasiados años porque se me fueron más pronto de lo que me hubiera gustado. Quizá por eso a los tíos abuelos les he considerado como si fueran mis propios abuelos, al igual que los primos de la generación de mis padres han pasado a ser tíos en vez de primos, cosas de la zona nuestra, que le vamos a hacer, cada uno tenemos nuestras costumbres o manías.

Dentro de los familiares, está claro que hay algo muy importante y es que el roce hace el cariño, por eso a esta parte de mi familia la tengo un cariño especial.

Tío Sar fue el que dijo que yo era la niña más guapa recién nacida que jamás había visto, lo cual demuestra el amor familiar, más que la realidad, pero bueno, para mí es un subidón de adrenalina el saberlo.

No quiero empezar por este punto, porque ahí ya estaba yo en el mundo y prefiero remontarme a contar algo de sus vidas antes.

Tío Sar trabajaba en la mina, trabajo duro donde los haya, que a él como a otros muchos le provocó una bronquitis crónica derivada de la silicosis que te dejaba de herencia el carbón allá abajo, lo que hizo que tuviera que jubilarse demasiado joven con 38 años.

Por aquel entonces tía Irunda tenía 36 años y se encontraron con tres hijas de 5, 10 y 12 años, Isabelita, Choni y Aurori, por este orden, con una jubilación que de aquella no daba para gran cosa, unos pulmones en un estado que aquí no te permitían trabajar en nada y una familia que mantener.

Hay que decir que después de Choni, un año antes de nacer Isa nació en junio Baltasarín, pero se nos fue al cielo ese mismo año en noviembre (el día 23, casualidades de la vida, le enterraron a él y justo ese día al año siguiente nació Isa), de modo que perdieron a su angelito y a pesar de ello jamás faltó la sonrisa de su cara. No quería olvidarme del niño, como así le hemos llamado siempre, porque también está con ellos en el cielo y seguro que si no le menciono, va a tirarme del moflete desde allá arriba.

Como en Bélgica estaba desde hacía unos años la tía América (hermana de tía Irunda) con su marido el tío Lolo, decidieron buscarse un futuro en aquel país.

Aquí tuvieron que dejar inicialmente a sus tres hijas internas en las monjas en Cistierna, bajo la tutoría del tío Enrique (Ique para todo el mundo, hermano también de tía Irunda), quien no solo era su tutor si no también quien las sacaba, al igual que la abuela Primitiva (Primi; madre de tía Irunda), que las llevaba a Olleros, de aquella todo un viaje para ellas.

La abuela Primitiva

Después de estar unos meses en casa de su hermana en Bélgica, al no encontrar trabajo decidieron volverse a España, pero ahí surgió un milagro porque a un tío de ellas, hermano de la abuela Primi que también estaba allí, el tío Marcelo, que trabajaba junto con su mujer para la Condesa Cheri, ella le señaló si conocía a algún otro matrimonio como ellos para trabajar con los Condes D’Oultremont, se lo dijo a mis tíos y así comenzó su etapa trabajando para dichos condes. Tío Sar empezó a trabajar de mayordomo para ellos y tía Irunda pasó a ser el tesoro o la joya de la corona, porque hacía de todo y cómo cocinaba aquellas paellas, tortillas, o con unas simples patatas hacía auténticos manjares, todo con los mejores productos que tenía a su disposición en casa de los condes. Pasaron a ser como parte de su familia y tremendamente apreciados.

Al primer año de estar allí, cuando vinieron en verano ya se llevaron a Isa en tren, al año siguiente a Auro en Alsa y al siguiente a Choni.

Vivían en Bruselas, muy cerca del Palacio Real, en un piso que eran cuatro pisos juntos, que ocupaba toda la manzana del edificio. Su casa estaba al lado de lo que hoy es el parlamento europeo.

Los fines de semana se iban para el Castillo de Presle, que tenía un bosque, un lago, tres entradas al bosque, tres porterías, tres porteros y sus respectivas familias. La portería más importante estaba en Presle que era el pueblo donde está el castillo.

Los condes tenían cuatro hijos, Jymmi, Mari, Colienne y Elisabeth. Las dos pequeñas eran como Isa, de modo que se crió con ellas. Los condes, cuando estaban juntas, jamás hicieron ninguna distinción entre ellas (lo que demuestra la categoría de personas que eran), al igual que el día de Navidad había el mismo regalo en el árbol para los hijos que para las hijas de mis tíos. Choni e Isa iban a un colegio de monjas que se veía desde su casa, el instituto de Parnasse (Auro también fue durante dos años, pero empezó pronto a trabajar y estuvo en el cole menos que ellas) y las niñas pequeñas de los condes a un colegio de élite, mientras que los dos mayores ya estaban fuera estudiando y formándose, de modo que pocas veces estaban en casa.

Cuando iban al castillo mis tíos no hacían nada, solo se ocupaban de los condes si precisaban algo personal, ya que para el resto ya tenían allí personal de servicio.

Para todos ellos fueron unos años increíbles y una experiencia de vida maravillosa.

Piso 11 donde vivían en Bruselas
Instituto de Parnasse con el edificio de casa al fondo
Castillo de Presle, jardines y lago
Habitación de Isa (flecha)
Auro de visita años después

En el año 1968, en noviembre, falleció el abuelo Moreno (marido de la abuela Primitiva), con lo que viajaron todos en avión desde Bruselas hasta Avilés para venir al entierro y al año siguiente ya decidieron venirse de vuelta para España, esta vez ya para León ciudad, retomando así la vida en casa, de modo que para sus hijas este fuera su lugar de residencia y sus raíces estuvieran aquí.

Ya de vuelta ambos estaban jubilados, de modo que vivían de esa pequeña pensión, más algún trabajillo que hacía tío Sar montando muebles para muebles Alegre o con Terlay, de los que conseguía alguna que otra pesetina para cumplimentar la pensión. Por aquel entonces Choni ya empezó a trabajar en Barros y Aurori en Soto, de modo que como entregaban todo el salario en casa, entre lo de todos iban viviendo. Isa era la pequeñina de modo que al llegar siguió estudiando en la Filial.

Posteriormente ya se casaron, Aurori con Saturnino (Nino), Choni con Isidro (Sidri) e Isa con Laureano (Lau).

Gracias al empeño de tito Lau, Isa estudió lo que era su mayor pasión y lo ha sido hasta su jubilación reciente, que era enfermería, mientras a su peque Raúl se lo ayudaban a cuidar los abuelos.

Del matrimonio de Aurori y Nino nacieron Jorge, Ana y Luís. Del matrimonio de Choni y Sidri nacieron María y Rodrigo. Del matrimonio de Isa y Lau nacieron Raúl y Diana.

Tío Sar falleció el 20 de mayo de 1983, de un cáncer de estómago, con 57 años, de modo que yo tuve el pequeño placer de conocerle solo durante 9 años, pero le recuerdo alto, guapo, con aquel bigote y con un porte muy elegante, así como tremendamente cariñoso.

En mi casa todos son más que apreciados, ya no solo por el ser familia, si no por el haberlo demostrado toda su vida.

Cuando abuelita se puso enferma, de cáncer, como no, tío Sar y tía Irunda cogieron el petate y para Boñar durante un año. Dejaron a sus tres hijas en León, las dos mayores ya trabajando y la pequeña estudiando, las cuales se repartían las tareas de casa entre las tres y allá que se fueron sin plantearse nada más que a mi madre le hacían falta para ayudar a cuidar a mi abuela, porque aún tenía la peluquería y ya contaba con dos hijos muy pequeños (por aquel entonces yo no estaba en el pensamiento todavía). Mi madre me dice que nunca se lo podrá agradecer bastante.

Y es que esta ha sido la tónica siempre, porque después tío Sar ya no estaba, pero si tía Irunda y ella ha sido la persona más entregada, cariñosa, voluntariosa y admirable que conozco.

Tía Irunda era de una raza especial, de esas que salen pocas. Toda su vida fue una entrega constante a los demás, que se enteraba que alguien estaba malo, ahí que iba ella a ayudar y a hacer compañía, daba igual que fuese familia que no, solo sabía que había que ayudar; que había que echar una mano en la Iglesia, la primera, que había que cuidar y ataviar a la Virgen, su Virgen, mañana era tarde y todo así, la bondad personificada.

Yo la admiraba muchísimo. Cada vez que me veía la faltaba tiempo para preguntarme por todos; recuerdo que siempre me decía, te lo pregunto a ti directamente porque estas hijas si se lo pregunto a ellas me van a decir que deje de meterme en los asuntos de los demás, pero a ti si te lo puedo preguntar y lo comentábamos todo tranquilamente, porque ella era más moderna y comprensiva que mucha gente. Compartimos muchas confidencias, pero sobre todo mucho amor y cariño, para mi era como mi abuela.

Era toda una mujer, alta, guapa, salerosa y con un remango que ya quisiera yo para mi al menos en un mínimo porcentaje.

Cuando la preguntaban la edad siempre decía más de los que tenía para que la dijeran lo bien que estaba, algo que no hubiera sido necesario, porque la verdad es que así era, estaba espectacular.

No se la ponía nada por delante, que su nieta Ana iba a aprender a nadar en Cistierna, pues allá que se apuntó ella también con casi 60 años a aprender a nadar, que había que subir en globo, se subía, que había que ir a ver al Papa, pues hala a Roma, que había que ir a un viaje al fin del mundo, pues para allá que iba. Tenía más energía y más voluntad que el resto con ser los demás mucho más jóvenes.

Se nos fue con 88 años tras un cáncer de colón contra el que luchó varios años, porque todo hay que decirlo, el cáncer llegó pero ella hizo muchísima vida a pesar de ello, si hasta incluso iba a nadar tras la colostomía poniéndose un tapón para poder hacerlo. Yo creo que el cáncer ya no sabía como atacarla para vencerla, pero al final lo logró a pesar de todo. Cosas de la vida, ahí fue cuando realmente supimos la edad real que tenía. Se nos fue físicamente, pero dejó una huella imborrable a cuantos tuvimos el placer de compartir la vida con ella.

Y que decir de sus tres hijas, mis primas, aunque por ser mayores que yo casi siempre las trato como tías. Como se suele decir, de casta le viene al galgo, o de tal palo tal astilla, pues en el caso de las tres, es que no se puede asemejar más a la realidad. De pura raza. Mi admiración como personas luchadoras.

Aurori es mi madrina, al igual que Nino mi padrino. De pequeñina me iban a llevar los reyes a Boñar y me daban la propina. Para mi aquello era toda una fiesta cada vez que venían mis padrinos. Toda la vida me han tratado como a una hija, me han querido y me han aguantado como tal y lo siguen haciendo. Aurori tuvo cáncer de pecho, se lo tuvieron que quitar, se le cayó el pelo (uno de los momentos más duros cuando ves que te quedas con los mechones de pelo en la mano, como me decías), se le reprodujo a los cinco años, luchó como una jabata y lo sigue haciendo y gracias a Dios está bien y me ha demostrado toda mi vida que los problemas y las enfermedades hay que cogerlas por los cuernos, como vienen y tirar para adelante. Cada mañana se da gracias a Dios por estar vivo y a otra cosa mariposa. Ella sabe que soy peor que una plañidera y cada vez que me tiene que dar una mala noticia ya sabe como hacerlo, viene, se sienta a mi lado, me lo dice, sin paños calientes, como a mi me gusta, me dice, ahora llora todo lo que tengas que llorar, porque sabe que yo necesito sacarlo todo fuera y luego ya lo siguiente es y ahora adelante, ni una lágrima más, que tenemos que seguir remando. De ella he aprendido a valorar el día a día y a afrontar las enfermedades por duras que sean, como algo más en la vida. Ha sido mi paño de lágrimas en muchas ocasiones, por algo le toca ser mi madrinina.

Choni, mi tita Choni, como yo le decía. Ahora que no me oyen sus hermanas, la más salerosa de las tres, qué arte tenía y qué sonrisa por Dios. Mira que es dura la vida, pues ella lo llevó todo y jamás le faltó esa maravillosa sonrisa. Cuando tuvo a sus mellizos casi se nos fue en el parto; ahí le detectaron un fallo en el corazón que hizo que la tuvieran que operar a corazón abierto; lo superó, ahí su primera victoria. Al año tuvo una trombosis que la dejó todo un lado paralizado, por la que le tuvieron que operar en Valdecilla y posteriormente en Madrid, y ahí tuvo su segunda victoria. Con su fuerza de voluntad y la ayuda de Sidri y posteriormente de sus hijos, jamás se le puso nada de nada por delante. Durante muchos años vivió y lo hizo bien, a pesar de todo lo que tenía encima, pero la vida no estaba dispuesta a dejarla tan fácil y llegó el maldito cáncer y luchó con todas las fuerzas que pudo, pero ahí Dios ya no quiso dejárnosla y decidió que a la tercera ya era la suya y se la llevó, demasiado pronto, dejándonos a todos huérfanos y abandonados. Se que ahora desde el cielo estará diciendo, pero qué jodida eres sobrina, ya me has hecho llorar, pero también se que allí está sonriendo, alegrando a los abuelos y a todo el mundo, como solo ella sabía hacerlo y se que nos estará cuidando y vigilando y estará tremendamente orgullosa de su Sidri y de sus hijos, porque no ha podido dejarles mejor legado. De ella he aprendido a vivir sin pensar en lo que tengo encima y a disfrutar, sin hacer mal a nadie y sin preocuparme de si a los demás les parece mal o no, todo con una amplia sonrisa.

Isa, mi tita Isa, la peque de las tres, la que iba por casa en Boñar de vez en cuando y yo miraba con admiración porque era enfermera y me reñía cuando mamá estaba con la pierna escayolada y aún así hacía todas las cosas, porque yo no sabía ni freir un huevo (algo que hoy en día sigue sin ser lo mio, la cocina; debí tener algo serio en otra vida con la cocina para que no sea capaz de llevarme nada de nada con ella); recuerdo aquella comida con mucha claridad, ese día eran huevos fritos, con patatas fritas y picadillo, qué curiosa es la memoria en sus recuerdos. Y qué no le ha pasado a Isa también, porque vamos, ha tenido de todo, la dio un golpe un coche cuando iba a trabajar y la dejó una lesión tremendamente seria en la espalda que la ha obligado a modificar su trabajo en varias ocasiones y le obliga a tener que estirarse todos los días durante un buen rato por las tardes si no quiere quedarse doblada, con las consiguientes molestias y dolores que acarrea desde entonces. Ha tenido que superar también un cáncer de pecho que apareció cuando cumplió los 50 y tras varias operaciones le llevó una parte del mismo. Ha tenido mil y una historias y aún así, ha podido con todo como si nada, siguiendo con su trabajo hasta el último día en que se pudo jubilar. De ella he aprendido la fuerza de voluntad, la responsabilidad y el buen hacer y a dar sin esperar recibir. Es a quien he recurrido siempre y recurro cuando estoy malina y también ahora para este escrito porque su cabeza es una auténtica enciclopedia de datos y fechas.

Estoy tremendamente orgullosa de esta familia, de los padres y de las hijas y de las siguientes generaciones, porque esto no ha acabado todavía. Cómo no voy a estarlo. Les admiro profundamente, porque han pasado lo que no está escrito y han sabido sobreponerse, porque afrontan los retos y los golpes de la vida con entereza, porque me han enseñado a valorar lo que de verdad importa en la vida, porque son todos extraordinarios y porque les quiero hasta el infinito y más allá, como le decía siempre a tita Choni.

Ojalá se me pegue algo, aunque solo sea un poquito, de lo bueno, que de lo malo no es necesario (aunque la vida suele dar siempre más de esto segundo) por eso de llevar la misma sangre

¡Gracias mi familia Rodríguez-Blanco por existir, por formar parte de mi vida!

Boda de Tío Sar y Tía Irunda
Mis Chicas de Oro: Choni, Auro, Irunda, Isa
Tu Virgen de Soledad con tu medalla tía Irunda – Ahora ya estás con ella en el cielo

4 comentarios sobre “¡Familia Rodríguez-Blanco!

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